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Antropología cultural en mutación (1998[1996])

posted Apr 20, 2012, 6:01 AM by Tadashi YANAI   [ updated Jun 21, 2014, 5:51 AM ]
(...) estos nacimientos casi simultáneos del cine, del psicoanálisis y del trabajo de campo antropológico tal vez no se deban tanto al azar histórico; los tres se parecen demasiado, todos éstos intentan encararse, de modo coherente, a la realidad más allá de lo cotidiano.  ... el trabajo de campo antropológico intenta aprehender la realidad de otra cultura como un todo, no con la mirada caprichosa y exterior del viajero (de la cual sólo resultaría un album de fotos de viaje), sino aproximándose al máximo al interior de las personas que viven esa realidad sociocultural. Para lograr este objetivo, el antropólogo convive con esas personas durante el período del trabajo de campo y se relaciona con ellos como ser de carne y hueso. En una palabra, las realidades a las que se encaran el cine, el psicoanálisis y el trabajo de campo antropológico, pertenecen al espacio de «lo Otro»: la parte nocturna de la subjetividad (o el «Yo») moderna-europea. La palabra «campo» («field») del trabajo de campo («fieldwork»), con toda su connotación romántica, expresa muy bien el carácter de esta extensión espacial que es «lo Otro». Ahora, ¿por qué la antropología y el psicoanálisis (si dejamos el cine de lado por el momento) avanzan hacia este espacio de «lo Otro» de la subjetividad moderna? Aquí conviene recordar que Michel Foucault, en Las palabras y las cosas, caracteriza estas disciplinas como las dos «contra-ciencias» que se contraponen a las llamadas «ciencias humanas» (que son, para Foucault,  psicología, sociologia y estudios de las literaturas y de los mitos). Foucault argumenta que estas «ciencias humanas», a pesar de su pretendida búsqueda de la Verdad universal, no son más que pseudo-ciencias, que se fundamentan  sobre el frágil concepto de «hombre» decimonónico -frágil tanto porque este concepto del «hombre» no tiene sentido fuera de la cultura europea moderna, como porque este «hombre» está siempre amenazado por el inconsciente que lo socava constantemente desde su interior. Frente a estas «ciencias “humanas”», las dos «contra-ciencias» -antropología y psicoanálisis- se enfrentan directamente con la parte nocturna de la subjetividad moderna que es «lo Otro», y saca a la luz la relatividad de la «Verdad universal» reclamada por estas pseudo-ciencias.

(...) Para comprender mejor el carácter creativo (y no sólo negativo) de esta práctica «contra-científica», tal vez sea útil la comparación con el cine, coetáneo con la antropología. Al ver en la oscuridad del cine las imágenes proyectadas sobre la pantalla, el espectador cruza (muchas veces sin darse cuenta) las experiencias de su propia vida con las del mundo más allá de la pantalla, y de este modo remueve su manera de relacionarse con el mundo en su vida real. A veces, esta experiencia de «removimiento» (que se acerca a la «recreación») es tan profunda como para que pueda llegar a influir profundamente en su manera de pensar y de actuar, sea uno consciente o no de ello. De manera paralela, el antropólogo permanece en su «campo» tanto tiempo (la norma clásica ha sido de uno a dos años) que los hábitos culturales de la gente a la que estudia se vienen infiltrando paulatinamente en él hasta el nivel inconsciente-corporal, y llega a remover profundamente la totalidad de su ser; y bajo este «removimiento», el antropólogo se ve obligado a repensar sobre los esquemas teóricos que previamente había preparado para estudiar esa sociedad o cultura. Los textos que produce el antropólogo después de su trabajo de campo, por tanto, siempre retienen alguna resonancia (a veces negativa, que se expresa como rechazo) de estas experiencias de «removimiento» personalmente vividas en el «campo», además de ser contribuciones relativas a su esquema teórico. A nuestro parecer, es probablemente este proceso el que a veces concede al trabajo antropológico una perdurabilidad  peculiar, en el sentido de que una obra clásica de antropología suele tener un valor más o menos perenne, incluso después de que se hayan desacreditado los esquemas teóricos en los que se apoya. Y desde la misma perspectiva podríamos comprender la presencia casi constante de los elementos semi-literarios en las mejores obras de antropología (por ejemplo, en Argonautas de Malinowski o en Tristes trópicos de Lévi-Strauss) sin disolver por ello la antropología a la literatura.

(...) … en la realidad virtual se enlazan y se mezclan fácilmente lo natural y lo artificial, lo cercano y lo lejano, lo que está dentro de la pantalla y lo que está afuera, y el cuerpo y el mundo, ya que en ella se digitaliza todo y así se unen las cosas más divergentes y contradictorias. En un futuro bastante cercano, inevitablemente, nos enfrentaremos diariamente con este tipo de mezcla de las realidades real y virtual -mundo en el que, como dice Philippe Quéau, vemos en todas partes extraños «nudos» entre las cosas mútuamente ajenas. … Ahora bien, cabe señalar que, sin ir al futuro, los fenómenos semejantes a estos «nudos» entre las cosas ajenas, ya existen de alguna manera en nuestra vida del presente. La película y la televisión, si bien son simples «pantallas» planas comparadas con la realidad virtual, ya cumple sobradamente el papel del «nudo» en el sentido de que sufrimos diariamente grandes influencias de lo que sucede dentro de estas pantallas. Además, estos medios de comunicación ya enlazan de alguna manera las imágenes heterogéneas constantemente, dentro de sus limitaciones de ser bidimensionales y analógicas. Y no sólo dentro de la pantalla: el mundo mismo que nos rodea ya está repleto de combinaciones de lo natural y lo artificial. El teléfono y la comunicación vía satélite neutraliza cada vez más el peso de la distancia física. El contestador automático, por muy sencillo y poco flexible que sea, ya funciona como una especie de personaje virtual. Todo parece indicar que, en realidad, la novedad de la realidad virtual consiste más bien en llevar a las últimas consecuencias estas tendencias ya existentes en nuestra vida presente; y esa es la razón por la cual ella nos ayuda a ver los problemas del presente con más claridad además de obligarnos a pensar los problemas del futuro inmediato. Y estos fenómenos de los «nudos» no son exclusivos de los llamados países desarrollados. Incluso en las sociedades que se consideraban hasta hace poco como «primitivas» o «tradicionales», la gente se enfrenta diariamente con estas combinaciones de los elementos heterogéneos en el seno de la penetración cada vez más profunda de la economía capitalista y de los medios de comunicación.

(...)Quizá lo más importante respecto a esta pregunta es no considerar este mundo de hoy como un simple caos cultural, por mucho que nos sorprendan los diversos «nudos» de combinaciones insospechadas. Estos laberintos culturales tienen sus propias ordenaciones tal como las tiene el laberinto mismo. Aquí nos parece fundamental el siguiente comentario de Ph. Quéau acerca de la realidad virtual: cuanto más se mezcla la realidad natural con la virtual, más importante se vuelve para nosotros el papel de nuestro cuerpo, puesto que nada altera el hecho de que nosotros partimos de este cuerpo nuestro -esta materialidad que no es jamás representacional ni digital- y siempre volvemos a él, por muy profundamente que nos sumerjamos en la realidad sintética.  Asímismo, cuanto más se vuelve híbrida y heterogénea la realidad cultural que vivimos, más importante se nos hace recordar que esa realidad sólo tiene sentido, al fin y al cabo, en relación con esta meterialidad nuestra que es el cuerpo. Los distintos «nudos» desparramados en el laberinto cultural de hoy, en el fondo, sólo pueden subsistir manteniendo alguna relación retroactiva con las fuerzas de ordenación biológico-cultural de nuestro cuerpo (o, si se prefiere, de los hábitos corporales e inconscientes), por muy indirecta que sea esta relación. A nuestro parecer, es primordial el atender a esta relación entre los «nudos» y las fuerzas de ordenación del cuerpo -fuerzas que son al mismo tiempo de desordenación y de reordenación-, para captar eficazmente la realidad sociocultural contemporánea.

(...) Los «nudos» extraños entre lo tradicional y lo urbano, entre la lengua mapuche y la castellana que viven los mapuches de hoy, los «nudos» insospechados entre la artesanía tradicional y el arte europeo moderno que crean los artesanos mexicanos, y los «nudos» conflictivos entre la cotidianeidad de la vida tijuanense y la fluidez peculiarmente elevada de la frontera mexicano-norteamericana: nuestro mundo contemporáneo está repleto de estos «nudos» diversos, que nacen, se mantienen, se transforman y desaparecen en sus relaciones retroactivas con las fuerzas de ordenación-desordenación de nuestro cuerpo. Son precisamente estos «nudos» los que tanto originan la mayoría de los encantos que hoy vivimos, como causan diversos fenómenos mórbidos -sociales e individuales- en distintas esferas de nuestra vida, sea ésta política, económica, religiosa o psicológica.

(...) a nuestro entender, esta práctica de la nueva antropología se asemejará cada vez más, de algún modo, a la creación de las obras literarias o fílmicas, sin perder el suficiente rigor científico por ello. De hecho, el carácter local y concreto de la problematización de la nueva antropología se parece a la novela o a la película en tanto que éstos sólo pueden concebirse de manera local y concreta. Y lo que busca la nueva antropología como fruto de su investigación ya no podrá ser alguna «conclusión» académica como se pretendía antes, sino un «desenlace» local y concreto del «nudo» estudiado -«desenlace» que se parece de alguna manera al de la novela o al de la película o, aun mejor, al de la música, en el que se descubre una solución vital y  afirmativa a la compleja trama que se venía tejiendo hasta el momento. Repetimos que esta semejanza no implica de ninguna manera que la nueva antropología pierda su rigor científico: simplemente queremos decir que la estructura misma de los problemas de la realidad sociocultural contemporánea se está volviendo cada vez más distante de la estructura de los problemas planteados en los discursos científicos clásicos, siendo cada vez más análoga a la de los problemas de la literatura, del cine o del naciente «arte virtual». Probablemente todo esto implicará la necesidad de incorporar las técnicas del hipertexto y de la multimedia en el trabajo de la nueva antropología.
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